A miniature safari: From counting mites to mastering biological control

My fascination with biological control began during my undergraduate studies in Colombia (Applied Biology, U.M.N.G). One of my first experiences was in a population biology lab, where we studied spider mites. Honestly, most of us found it a bit boring at first. These creatures were tiny. Counting every developmental stage to build a life table was slow and meticulous work.

But something about it intrigued me. I was not particularly in love with the mites themselves at that moment. However, I loved tracking their population changes. I enjoyed keeping count and observing their behavior. Looking back, those early days of counting mites and analyzing their life cycles turned out to be foundational. I have since looked at thousands of plant leaves and mites throughout my career. Maybe even millions. Those skills have shaped my path in unexpected ways.

One day, a professor introduced us to biological control. He made a simple but exciting promise:
“Today, we’re going on a miniature safari!”

I was hooked. I imagined myself in the Serengeti, watching lions and zebras. But when I peered into the stereoscope, my grand adventure seemed to shrink down to tiny specks. No majestic predators—just minuscule bugs crawling around.

At first, I was disappointed. But then, I decided to observe them as if I were watching a nature documentary. And suddenly, it clicked. I could see which ones were the predators—quick, calculating, hiding and waiting for the perfect moment to strike. I saw their prey—timid, defensive, trying to escape. A microscopic battle of life and death was happening right in front of me!

That’s when things got truly exciting. Biological control transformed everything. Predators are simply extremely fun to watch!. Then, you step into the world of mass rearing of natural enemies, and it becomes a greater challenge. You must choose the right species and collect enough individuals. Fine-tuning methodologies, waking up early, and working hard are essential. There’s a strange mystery to it all: even if you have the exact protocol, it doesn’t work for everyone. Dedication and attention to detail matters.

After years in this field, I still feel the same thrill when I watch these interactions unfold. These tiny creatures are invisible to most people. However, they have a massive impact. Their influence extends not just on crops, but on entire ecosystems. Ultimately, they affect our own lives positively. Predatory mites control important pests. They avoid the need to spray acaricides, which might pose risks to humans and other non-target organisms.

There’s a saying that captures this perfectly: “Big things often have small beginnings.” And in biological control, that couldn’t be more true.


Un safari en miniatura: Del conteo de ácaros al dominio del control biológico

Mi fascinación por el control biológico comenzó durante mis estudios de pregrado en Colombia (Biología Aplicada, UMNG). Una de mis primeras experiencias fue en un laboratorio de biología de poblaciones, donde estudiamos ácaros. Honestamente, a la mayoría de alumnos nos pareció un poco aburrido al principio. Estas criaturas eran diminutas. Contar cada etapa de desarrollo para construir una tabla de vida fue un trabajo lento y meticuloso.

Pero algo me intrigó. En ese momento, no me entusiasmaban especialmente los ácaros. Sin embargo, me encantaba rastrear los cambios en sus poblaciones. Disfrutaba contando y observando su comportamiento. Mirando en retrospectiva, aquellos primeros días contando ácaros y analizando sus ciclos de vida resultaron ser fundamentales. Desde entonces, he observado miles de hojas de plantas y ácaros a lo largo de mi carrera. Quizás incluso millones. Esas habilidades han marcado mi camino de maneras inesperadas.

Un día, el profesor Fernando Cantor nos presentó el control biológico. Hizo una promesa sencilla pero emocionante:
“¡Hoy nos vamos de safari en miniatura!”.

Me enganché. Me imaginé en el Serengeti, observando leones y cebras. Pero al mirar por el estereoscopio, mi gran aventura pareció reducirse a diminutas bichitos. No había depredadores majestuosos, solo bichos diminutos arrastrándose.

Al principio me decepcioné. Pero luego decidí observarlos como si estuviera viendo un documental sobre la naturaleza. Y de repente, lo entendí. Pude ver quiénes eran los depredadores: rápidos, calculadores, escondidos y esperando el momento perfecto para atacar. Vi a sus presas: tímidas, a la defensiva, intentando escapar. ¡Una microscópica batalla de vida o muerte se desarrollaba justo delante de mí!

Fue entonces cuando las cosas se pusieron realmente emocionantes. El control biológico lo transformó todo. ¡Observar depredadores es simplemente divertidísimo! Luego, te adentras en el mundo de la cría masiva de enemigos naturales, y se convierte en un desafío aún mayor. Debes elegir las especies adecuadas y recolectar suficientes individuos. Perfeccionar las metodologías, madrugar y trabajar duro son esenciales. Hay un extraño misterio detrás de todo esto: incluso si tienes el protocolo exacto, no funciona para todos. La dedicación y la atención al detalle son importantes.

Tras años en este campo, sigo sintiendo la misma emoción al observar cómo se desarrollan estas interacciones. Estas diminutas criaturas son invisibles para la mayoría de las personas. Sin embargo, tienen un impacto enorme. Su influencia se extiende no solo a los cultivos, sino a ecosistemas enteros. En última instancia, influyen positivamente en nuestras propias vidas. Los ácaros depredadores controlan plagas importantes. Evitan la necesidad de aplicar acaricidas, lo que podría suponer riesgos para los humanos y otros organismos no objetivo.

Hay un dicho que lo resume perfectamente: “Las cosas grandes a menudo tienen comienzos pequeños”. Y en el control biológico, eso no podría ser más cierto.

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